Ahora me atrevo a ponerme lo que quiero y por fin me miro al espejo con orgullo.
Ahora me atrevo a ponerme lo que quiero y por fin me miro al espejo con orgullo.
Ahora me atrevo a ponerme lo que quiero y por fin me miro al espejo con orgullo.
Mi cambio no fue de un día para otro, llegó por etapas: primero dejé de entrar en mis pantalones, luego mis seres queridos —e incluso mi médico— empezaron a advertirme sobre el peso que estaba ganando. Pero lo que de verdad me hizo reaccionar fue ver el número en la báscula: había llegado a un peso que jamás había tenido. Ahí decidí tomar las riendas y probar el programa de COMO ME GUSTA. Había visto los anuncios en la tele y los testimonios me animaron. Pensé: “Si otras personas lo consiguen, ¿por qué no yo?”
El primer mes perdí 7 kilos. Solo en la primera semana ya llevaba 2,7 menos, y eso me dio un empujón enorme para seguir. Hoy ya he perdido 13 kilos en solo 4 meses y me encuentro muchísimo mejor. Este programa ha marcado un antes y un después en mi vida, y estoy muy orgullosa de haber dado el paso.
Esta pérdida de peso ha transformado mi día a día: he vuelto a confiar en mí, me animo a ponerme ropa que antes ni me planteaba —como un top corto o unos shorts vaqueros— y he dejado de evitar la playa o la piscina por miedo a lo que pudieran pensar los demás. Ahora me siento libre para disfrutar, sin esconderme ni tener complejos.
Recomiendo este programa a todo aquel que no se sienta bien con su cuerpo. Si quieres cambiar y recuperar la confianza en ti, hazlo. Ahora me levanto cada mañana con una sonrisa, me miro al espejo y por fin puedo decirme:
“La verdad… ¡estás guapa!”
Me quedo con el programa que más se ajusta a lo que necesito y a mis objetivos.
Reservo mi primera sesión con mi coach personal, que me hará seguimiento por teléfono.
Me llega a casa un paquete con 4 cajas semanales: todas mis comidas para 28 días.
Para no perder el ritmo, el envío está programado cada mes. Así sigo a tope con mi objetivo.
Tengo sesiones regulares con mi coach personal hasta que llego a mi meta.
Cuando llego a mi objetivo, mi coach sigue ahí, echándome un cable para que no pierda el ritmo ni me agobie.